lunes 3 de marzo de 2008

APUNTES, Y VERSOS

A Ana, por escuchar tras el teléfono.

Quise que fuese eterno aquel intento de no envejecer
Mirando las estrellas y dejando los puntos brillantes del cielo a un lado
En aquellos pisos de estudiantes con las hormonas revueltas,
Ghettos de ludópatas intentando estudiar “anatomía del cuerpo humano”.

Entre apuntes, ajustes de las manecillas del reloj y canciones de Mecano
Caía el alba por la ventana. Lo de todas y cada una de las madrugadas.
Y desaparecías por azar y por la mañana vuelta a empezar;
A quererte, a estudiar tus lunares, a levitar en tus ojos celestiales.

Pupitre con pupitre, mensajes en los márgenes de tu cuaderno y no el mío.
Aviones de papel en los bolsillos, amores de motel por los pasillos.
Risas y más prisas; te ibas haciendo mayor. Y yo, disminuía de tamaño,
Pasaba las clases añorando, creyendo que de este hormiguero era yo el extraño.

Quise ser el monstruo bajo tu cama, lo intenté, pero no sirvió de nada.
Demasiado tiempo. Demasiadas prisas. Demasiado amor.
Demasiados intentos y fracasos. Demasiado poco humor. Demasiado tarde.
Y ahora, no podemos hacer nada. Tú tienes tu mundo ya, yo aún duermo en el tuyo.

Aún las tostadas traen olor a domingos y las hojas a otoño,
Las guitarras a versos. Las llagas a tiza. La sangre a fresa, mi corazón a lija.
Te creí cuando me dijiste que era especial, que era algo esencial en tu vida,
Que sin mí no tenía sentido el cielo, yo te creí, y desapareciste luego.

Y con el premio al genio más ingenuo me quedé,
Mientras el tiempo, huyendo de nuestras metas, voló como cometa.
Para hacernos ver la realidad, para atarnos con grilletes al suelo, y al presente.
Caducaron las ganas, los suspensos, tu espalda. Amor tardío, amor adolescente…